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Fue en 1883...

La primera vez que se hizo esto en el mundo ocurrio en San Nicolas, desde el 15 de septiembre de 1883. Lo plagiaron, el autor de la hazana murio amargado, los pacientes debieron esperar que un norteamericano lo redescubriera veintiseis anos despues y el plagiario tiene un monumento de bronce cuidadosamente mantenido.

El descubrimiento y la comunicacion tecnica, en octubre de 1985, del plagio, realizado por el estudiante Llobet, de los resultados de la hazana cientifica y humana del inmigrante trentino Dr. Alberto Alberti, promovieron entre 1986 y 1988 varios actos academicos y comunicaciones en Europa y en la Republica Argentina. Su proposito no fue solamente el desagravio del plagiado Dr. Alberti, tan olvidado ahora cuanto querido hace un siglo por su labor medica repartida en San Nicolas de los Arroyos, en Genova y como Medico Interno (en italiano <Primario>: responsable medico en ausencia del Director) del Hospital Italiano en la ciudad de Buenos Aires. Tampoco fue objetivo de esos actos exaltar el interes cientifico o la importancia intrinseca y la prioridad mundial de su descubrimiento, sino, en particular, destacar el gravisimo dano infligido a toda la sociedad cuando los incapaces se apoderan del trabajo cientifico ajeno.

Fue un drama historico, perenne al iluminar la hesitacion modernista-antimodernista tan enfatizada por nuestra cultura y destacar el interjuego de sus agentes individuales y colectivos; promovido por la necesidad humana de tocar el alma, como Tomas el Didimo al meter su dedo en la llaga; viabilizado por el profesor Richard Sudnik y sus cursos al regresar de la Expedicion al <Desierto> (1879) donde entre malones aplicaba su maquina electrica de manivela para estimular el cerebro de cuanto cuis, mara o conejo se le cruzaba cerca; y llevado a cabo en San Nicolas por el Dr. Alberto Alberti, al abrazar una decision de gravisimo riesgo para su joven carrera medica y su futuro familiar, tras siete meses de estudiar las agitaciones (locomovilidad funcional) de la masa encefalica en una paciente con toda la boveda cerebral a la vista, dona Severa Velo, quien habia sufrido la voladura de toda la calota o tapa craneal por una progresiva carie sifilitica (osteitis luetica).

La conjetura de que la carnalidad del psiquismo acarrearia la carnalidad del espiritu (ocasionada por la impropia yuxtaposicion de ambos en la concepcion vulgar del alma) promovio el uso politico de la neurobiologia, empleada ofensivamente desde los enfrentamientos, en la India del siglo -VI, de los Carvakas (no creyentes en la infalibilidad de los Vedas) con sus gobernantes, hasta las pugnas y violencias ideologicas movidas o motrices en el modernismo del Erklärung y la Revolucion Francesa. Los descubrimientos electricos -Galvani, Volta y tantos mas- habian promovido una moda en toda Europa, la de electrizar organismos vivos para ver si por acaso, insuflando alma, podian revivirse cuerpos muertos. En tal situacion, los trabajos serios de electroestimulacion cerebral integraban un caotico contexto donde se abigarraban aventuras poco serias, novelas resurreccionistas, efectos circenses con cabezas degolladas de ganado debatiendose en espasmos por la electricidad, interrogatorios a decapitados en el patibulo, y una vehementisima polemica entre conservadores y transformadores socioeconomicos a la cual ningun amigo de la historia es ajeno.

En Buenos Aires ya se habia dictado catedra sobre electricidad en un primer nivel internacional. Entre 1828 y 1835, el exiliado lombardo Octavio Fabricio Mossotti (Novara, 1791 - Pisa, 1863) habia dictado sus clases como titular de una catedra, la de Fisica Experimental en la Universidad de Buenos Aires (clases que Vicente Fidel Lopez y Juan Maria Gutierrez llamaron <inolvidables>), centrandose en los problemas de la electricidad acumulada en lo interno de alguna masa material.

Es singularmente curioso, para quienes nos dedicamos profesionalmente a estudiar el nuevo organo anatomico invisible e intangible que se forma dentro de la substancia gris cerebral (al tallarse con formas rapidamente cambiantes los campos electromagneticos que ocupan su volumen) que, mientras dictaba aqui su catedra, Mossotti maduraba sus ideas sobre la accion electrica en lo interno de la materia. Mossotti las publico al regresar a Europa y tales ideas le dieron relevancia mundial en los estudios sobre las acciones moleculares dentro de los cuerpos dielectricos, como, hoy sabemos, lo es la materia gris cerebral. Abonaron aqui la receptividad hacia los cursos dictados por Sudnik cuarenta y seis anos despues? Llegaron luego, desde Pisa donde trabajaba Mossotti, a Bolonia y Padua donde estudiaria Alberti? Como Sudnik, el cientifico Mossotti no vacilo en tomar las armas por su patria: regreso a Italia por el <profundo sentimiento de mision> -son palabras de Maximo Baron, fisico historiador de Mossotti- que enhebra patriotismo y sacrificio cientifico. Alli, al mando de un batallon y con grado de mayor, intervino contra los austriacos en las acciones de Curtatone y la librada en su natal Novara; luego, por su labor cientifica y docente se le hizo Senador del Reino, sin que ello perjudicara la divulgacion de sus ideas sobre dielectricidad. Aqui, entre los numerosos alumnos de Mossotti, habia estado Luis Tamini, miembro del ambiente de Sudnik y de Alberti en la epoca previa a la hazana de este, y Vicente Fidel Lopez, sosten del Circulo Medico donde Sudnik dicto su historico curso y donde el plagiario Llobet era conservador del Museo. Aqui habia sido Mossotti profesor de Saturnino Salas (catedratico de Fisica Matematica de la U.B.A.), Carlos Tejedor, Jose Marmol, Esteban Echeverria, Miguel Cane padre, Marcos Paz, Juan Bautista Alberdi, Marco Avellaneda, Antonio Aberastain y el medico Indalecio Cortinez, entre muchos otros. Sus ideas desarrollaban las que simultaneamente iba publicando desde 1831, en el Philosophical Magazine de Londres, otro joven de su misma edad, cierto Michael Faraday, a quien casi con seguridad Mossotti habria tratado personalmente en Inglaterra cuando se familiarizo con otros miembros de la Royal Society, Thomas Young y J. F. W. Herschel. Young habia rebatido las teorias opticas de Newton, y Faraday era tambien antinewtoniano y buscaba construir una descripcion no- newtoniana de la electricidad corriente y estatica. A ello lo habia precipitado el descubrimiento de Volta de 1800, de que se podia producir corriente electrica disponiendo materiales de una manera determinada, la pila electrica. La interconversion de fuerzas quimicas en electricas y viceversa no cabia en esquemas newtonianos, y alentaba la metafisica de Leibniz y Platon al destacar la unidad de las fuerzas y su consecuente reductibilidad a movimientos (o sea, la inexistencia en la Naturaleza de series causales que no emergieran de afuera de las cosas, exogenisticamente), lo que contacta por su angulo mas sensible al uso politico de la problematica psicofisiologica.

Faraday habia innovado descubriendo que la accion a traves de un campo lleva tiempo para su transmision (Nota del 12-III-1832, en la Royal Society) y ello, lentamente, armonizaba con la posibilidad de que la accion del campo electrico y magnetico tuviera su origen dentro del mismo campo y que este fuera una especie de <substancia>. Aunque faltaban decadas para que Maxwell, Heaviside y Poynting estableciesen la base del electromagnetismo moderno, ese concepto, de un campo de fuerza cuyas acciones salen de adentro (endogenismo) y tardan un tiempo en transmitirse, resultaba crucialmente compatible con los preconceptos substancialistas en boga acerca del espiritu. La <materialidad> dejaba de ser pitagorico-parmenideamente inane y comenzaba a acoger algo parecido a un origen de acciones.

Y Mossotti, en <Sobre las fuerzas que rigen la constitucion de los cuerpos> (Taylors Sci. Mem. 1, 448-469, 1840); en <Investigaciones teoricas sobre la induccion electrostatica, encaradas segun las ideas de Faraday> (1847, quod in manibus non habui; apud Baron) y en su <Discusion analitica> (Soc. Ital. Modena, Mem. XXIV, 49-74, 1850) introdujo, en los modelos mecanicos de la fisica de su epoca, la accion endogenista de la induccion molecular electrica del medio dielectrico. En efecto, su descripcion impuso la necesidad intrinseca (de los campos) de que se conserve la carga (dicho tecnicamente: anulo la integral de las cargas desplazadas).

En otras palabras: mientras el electromagnetismo fuera mecanico, no servia para suponerlo en algun modo homologo al alma y en consecuencia no era posible su uso ideologico con fines contestatarios. Pero . . .

. . . cuando los campos eran concebidos endogenisticamente, y su accion a distancia como no instantanea, se alentaban las especulaciones sobre sus posibilidades de contactar al alma, repetidas en innumerables ecos divulgatorios o de menor seriedad o precision conceptual. En la documentacion de sus cursos en Buenos Aires, Mossotti se limito a los modelos mecanicos de la electricidad. Pero es dificil que su ensenanza oral y sus charlas particulares hayan dejado de caracterizar hormicamente esos fenomenos naturales. Y su eventual influencia sobre los origenes de la neurobiologia y psicofisica argentina, bien preparando el clima de donde surgio el experimento de Alberti, o bien en la formacion que Alberti recibio en Bolonia y en Padua, requiere ulterior investigacion historico-tecnica.

A su regreso del fortin de Bahia Blanca, el profesor Richard Sudnik, uno de los fundadores en Paris de la Sociedad Internacional de Electricidad, brindo en Buenos Aires los cursos de su catedra paralela a la Universidad, sostenida por el Circulo Medico (que, en realidad, antes que a medicos agrupaba a jovenes y activos estudiantes de medicina). Esos cursos, de primer nivel internacional, fueron durante varios anos fermento y levadura de la neurobiologia y psicofisica en la Argentina. Sudnik introdujo en nuestro pais el estado mundial contemporaneo de esa ciencia en 1880, deleitandose, por ejemplo, en narrar las observaciones moscovitas de su compatriota J. Mierzeyewski, quien publico en Paris el llamativo descubrimiento de neuronas gigantes que hacian mover el cuerpo y que, agregaba Sudnik, eran controlables con electricidad.

Perfectamente se conocian aqui los hallazgos de Betz de esas mismas celulas. Pero, por ser Mierzeyewski compatriota de Sudnik, aqui era mas conocida su reciente descripcion; la palabra que el empleo, <nidos>, para indicar como se agrupaban las celulas gigantes, circulaba con preferencia. Perfectamente, tambien, se conocia aqui el mortifero experimento de Bartholow, de Cincinnati, quien mato a una adolescente debil mental -­tras pedirle su consentimiento para operarla!- colocandole corriente en el cerebro durante breves segundos por medio de electrodos durante una intervencion quirurgica (y quien brindo pateticas excusas en el Congreso de Londres de 1880, donde asistieron seis argentinos capitaneados por el Dr. Guiliermo Rawson). Y tambien era cumplido el conocimiento local del no menos mortifero ensayo (<observacion>) de E. Sciamanna, quien con identica fatalidad electrizo el cerebro de su paciente, el hasta entonces vivo Ferdinando Rinalducci, conectandolo igual que Bartholow solo durante escasisimos segundos. La consecuencia fue que en nuestro pais, como en todo el mundo academico internacional, se compartio la condenacion expresada por el mismo Bartholow, compungidisimo con su prioridad, y por el Congreso de Londres, prohibitiva de experimentos tan politicos como deletereos, a los que ahora exigia considerar <una accion altamente criminal>.

Pero para desarrollar la neurocirugia era ineludible perforar el craneo: reimplantar el uso del trepano. Las intervenciones habian disminuido grandemente, y el trepano casi se habia abandonado, por muy solido motivo: faltaban noticias sobre la localizacion de la funcion cerebral. Si una lesion o cuerpo invasor (un tumor, una <varice> o aneurisma cerebral) producia sintomas perifericos -p.e., temblor en un codo-, no habia modo de relacionar estos sintomas con la localizacion de su origen dentro de la cabeza. Y, en la impotencia para ubicarlo, se trepanaba muchas veces, quizas diez o doce, hasta que el paciente se moria de las trepanaciones sin haberse podido localizar -menos, curar, limpiar o extraer- el origen central (cerebral) del sintoma periferico visible. Estimular electricamente producia movimientos y sensaciones localizados en partes chicas de todo el cuerpo y debia ser el medio mas preciso de localizar las funciones en el cerebro: el estimulador electrico colocado en tal o cual punto se corresponderia con tal o cual localidad del cuerpo -mano, pie, etc.- y asi podria construirse un mapa. Un mapa isomorfico central-periferico. Pero . . .

. . . no era el alma la que movia el cuerpo? No estaba el alma repartida por todo este? Y, seria esa electricidad pitanza o ponzona para la mente? No deberia ineluctablemente morir el paciente electroestimulado, a causa de esa desmesura violatoria de nuestra condicion terrenal? Interactuaria la electricidad con el alma? Y, en una formulacion mucho mas grave y profunda, seria endogenista la semoviencia? Muy pocos podian formularse esta pregunta, pero eran quienes decidian: el desarrollo del aristotelismo en la escolastica europea retenia el objetivo de Aristoteles, de convalidar que el unico movedor y semoviente del Universo era el Fundamento de la realidad, y que toda la naturaleza se movia por el. Precisamente el ascenso del platonismo con la ciencia moderna tuvo por objeto repristinar ese objetivo, que se habia relajado con el reconocimiento de entelequias naturales, virtudes intrinsecas e impetus interiores. De paso, las <leyes> de la fisica moderna asumirian majestad divina (aunque los mas lucidos cientificos, como Newton, rechazaban esto, y no precisamente por devocion). Que diria la electricidad: que los hechos temporales no originan acciones sino solo las continuan (y que el alma, mero nudo atisbador entre estimulo y respuesta, nada decide ni se mueve por si misma) o bien que el origen de la accion es intrinseco y es necesario volver al relajamiento endogenista, tildado de <animismo>? Y en todo caso, a quien le importaba preguntarle a la Naturaleza, arriesgando mas problemas? Mejor ignorar; hagamos neurocirugia con tisanas . . .

Alberto Alberti conocia a su paciente, Severa Velo, desde 1882. Queria a esa sufrida madre de seis hijos, a quien habia logrado mantener con vida y deambulando, no menguada proeza clinica en epoca sin posibilidades de asepsia y con una herida tan extensa. Pudo estudiarle aspectos importantisimos para la neuropsicologia, durante esos siete meses, y llego asi al dia critico, el quince de septiembre de 1883, en una clara manana nicolena. Averiguaria, electrizandola, como se conecta el cerebro con el cuerpo? No pecaria, quizas, descubriendo como se conecta el alma con el cuerpo?

No habia razon terapeutica para hacerlo; el experimento humano era necesario para operar a otros seres humanos: don y riesgosisimo servicio que solo la paciente misma podia disponer. Sabia Alberti que el resultado de electroestimular podia ser perfectamente condena y carcel, su sindicacion personal como un <modernista> de deletereas ideas avanzadas, la excitacion furiosa del antimodernismo, su expulsion del pais, la perdida de su habilitacion medica y . . . la ruptura con su novia, una bella chica nicolena que como todas sus amistades, jamas le hubiera perdonado asesinar a Severa por una curiosidad; importante, si, y aun crucial, pero no terapeutica. Como plomo hirviente debio pesar esa posible muerte -pura hybris- sobre el alma profundamente religiosa de este italianito sensible, medico rebosante de ternura, cuando tomo su decision. Solo en segundo termino contaria su carrera, su novia, su deportacion. No en vano venia de las mejores escuelas medicas de Europa; peso con exactitud todos los hechos clinicos. Pero el conocimiento decisivo fue la experiencia tecnica de Sudnik, no en vano fisico electricista de primer nivel mundial. Severa no habria de morir por el experimento; las maras, cuises y conejos no morian como los pacientes de Bartholow y de Sciammanna. Solo por el despliegue de esa experiencia tecnica sabemos que Alberti conocia el trabajo de Sudnik y sus cursos en Buenos Aires; hasta ahora ninguna otra constancia historica nos ilustra directamente sobre esa conexion. Debido a las caracteristicas tecnicas de la corriente empleada, Severa no murio. Y durante ocho largos meses, cada vez con mas confianza, Alberti siguio mapeando, en la geografia sanguinolenta de la boveda del alma, las localizaciones de la funcion cerebral en todas las ocasiones posibles: despierta, dormida, bajo barbituricos, durante la ejecucion de acciones concretas, en la produccion electrica de movimientos (es decir, la causada por el electrodo y no por la voluntad de Severa), en la generacion electrica de sensaciones, en el estornudo, en la tos, en el acto de contar, de hablar, de imaginar, de gritar, hasta en los esfuerzos del vientre . . . Alberti tenia veintisiete anos; si, veintisiete, aproximadamente la misma edad que Einstein, que Newton, que Nietzsche en sus mas radicales contribuciones.

El estudiante de tercer ano de medicina, Andres Llobet, nada sabia de todo esto. A sus veintidos anos, no estaba produciendo los descubrimientos que unas decadas antes Helmholtz habia conseguido a esa misma edad. No; Llobet estaba estudiando lejos de San Nicolas, en Buenos Aires, aunque cierta temprana megalomania ya lo habia llevado a nombrarse Presidente del Circulo de Estudiantes Nicolenos de Medicina en Buenos Aires, donde contaba con la multitudinaria aquiescencia de sus cinco companeros: un circulo no deja de serlo por ser reducido.

Llego la primavera de 1883. Y paso toda. Recien para las Navidades volvio Llobet a San Nicolas -las vacaciones universitarias eran entonces solo desde el veinte de diciembre hasta el primero de febrero-, hijo de una adinerada e influyente familia muy amiga de la duena del Hospital privado donde trabajaba Alberti. Este recien ahora habia dejado de ser medico raso; habia ascendido a Jefe de una Sala. Al enterarse el estudiante (y Presidente del Circulo de sus pares nicolenos) de la comidilla local, acerca de las brujerias que hacia el inmigrante italiano en la criolla que mantenia viva sin tapa de los sesos, quiso curiosear asombrado en esa singularisima accion no terapeutica, que Alberti venia llevando a cabo cotidianamente desde hacia ya tres meses y medio.

Subio al piso alto del Asilo, valido sin duda de la privanza de su familia con la duena y de la bonhomia de Alberti, y este por una unica vez le permitio colocar los electrodos. Debe tenerse en cuenta que ello requiere un minimo de delicadeza medica manual, y que Llobet ni siquiera era estudiante de los ultimos anos de Medicina, y mucho menos era <perro> (estudiante del sexto y ultimo ano), sino apenas de tercero, el ultimo de la parte introductoria de la carrera; el <CBC>, o curso basico comun, diriamos ahora. Pero la mejor amiga de su madre era duena del Hospital.

Ella, Justina Acevedo, era la viuda de Felipe Botet. Este, tras larga lucha junto con dos amigos, habia logrado constituir el hoy Hospital Neuropsiquiatrico <Dr. Jose Tiburcio Borda>, haciendolo denominar <Hospicio de San Buenaventura> en invelada y personal canonizacion de uno de aquellos dos restantes amigos (y primer director desplazado politicamente de su conduccion, el medico Buenaventura Bosch). Fallecido Felipe Botet, su muy adinerada viuda, antes de volver a su natal Buenos Aires, dejo fundado en San Nicolas un nuevo hospital de caridad. Y por identico motivo lo denomino <Asilo San Felipe>, en igualmente invelada santificacion de su difunto esposo.

Despues, el drama. Hacia abril o mayo del siguiente ano (1884), Alberti termino los experimentos. En los proximos treinta anos sus resultados hubieran debido permitir que unos trescientos millones de pacientes neurologicos en todo el mundo, los mas por cierto carentes de medico, si llegasen a consultar uno pudieran beneficiarse con un metodo infalible de diagnostico, un metodo para utilizarse desde la primera observacion preliminar: el conocimiento de la localizacion anatomofuncional. En esa enorme masa de enfermos en eventual consulta, esa capacidad localizatoria indicaria el origen central de cualquier sintoma periferico y permitiria volver a emplear el trepano. Un pequeno adelanto de los dedos con el electrodo y un gigantesco paso constitutivo para la neurocirugia. Un trufador se interpuso -Llobet-; la extrema fragilidad y vulnerabilidad del avance cientifico autentico lo hicieron trizas ante la esteril argucia de la canalla, y el mundo debio esperar hasta 1909 -veintiseis anos, suficientes para madurar un genio, y la diferencia entre vivir o morir para no pocos en la mencionada masa de pacientes- para que el norteamericano Harvey Cushing sintetizara experimentalmente una deshilvanada serie de timidas intentonas posteriores a Alberti (historiadas en 1897 en Burdeos por Lucien Lamacq: <Les centres moteurs corticaux du cerveau humain determines d'apres les effets de l'excitation faradique des hemisphères cerebraux de l homme>, Arch. Clin. Bordeaux 6, 11-13, nov. 1897) y, creyendo innovar, recuperara la informacion perdida.

Como perpetro Llobet su crimen? Alberti, justamente satisfecho con sus resultados y plenamente consciente de su enorme importancia mundial, habia terminado el 31 de julio de 1884 la Memoria para comunicarlos . . . corriendo, porque se le vencia el termino para presentarla en Buenos Aires ante la sociedad elegida. <Creemos que nuestro caso narrado> -escribe el apurado sabio- <sea uno de los mas importantes que se conocen; pues no solo disipa muchas de las obscuridades existentes en la fisiologia cerebraI, sino que tiene tambien una importante aplicacion clinica y es de una grandisima utilidad practica>. Como otros grandes aqui, confio en su patria de adopcion; y tal como Christofredo Jakob, en el siglo XX, veria ignorarse en el mundo valiosisimos descubrimientos suyos por haberlos publicado en Buenos Aires y en castellano, igualmente Alberti decidio confiar su Memoria al <Gran Concurso> convocado por el Circulo Medico Argentino donde Sudnik habia profesado su Catedra <paralela> a la Facultad y . . . donde el joven Llobet era el influyente encargado del Museo.

Saco Alberti el decimo y ultimo <premio> -un diploma, que termino en exposicion en el Museo nicoleno, como si hubiera podido enorgullecerle-, muy por detras de Llobet. Este obtuvo el septimo premio por aportar a la humanidad un insuflador, un globo para echar -que?: nada menos que aire en los pulmones, por medio del original expediente de estrujarlo con los dedos. Pero Alberti fue premiado, y con ello –he aqui la madraza del borrego- le correspondia publicar su Memoria en los Anales del Circulo Medico. Esto se comprueba ya que, por error, esa Memoria conservo, cuando fue publicada finalmente a costa del autor, algunas de las reveladoras leyendas de cabeza de pagina -<headers>, en microsofes- sobre algunas de las figuras posteriores, mientras que se las saco de las iniciales. Pero, en sintesis, Llobet impidio que fuera publicada por el Circulo. La copio, y fraguo asi una ilegal tesis doctoral con la que obtuvo un doctorado de la Universidad de Buenos Aires en la Facultad de Medicina, nulo de nulidad absoluta por basarse en delito. Tocando el cielo con las manos, pero confiando en contactos masonicos muy vinculados al Circulo y en el modernismo de su contenido, la tradujo y envio como propia para deslumbrar a Jules Simon, presidente de la Academia francesa de Medicina. El que no le presto mas que una cortes contestacion, sin analisis; Llobet habia confundido una autoridad sectorial politica con una autoridad sectorial cientifica.

Clinico absorbido por sus pacientes, esposo y padre tierno y delicado, no por ello carecia Alberti de la fierezza personale necesaria para allanar el imprescindible avance de la ciencia y de paso para vengar el plagio. Imprimio a su costo una exigua tirada de la Memoria, utilizando para ello la composicion en plomo ya preparada para los Anales del Circulo Medico y que jamas le iban a publicar, pero que evidentemente no pudieron negarle porque el trabajo era suyo. Pero la conexion de los Llobet con la duena del Asilo <San Felipe> -donde ahora Alberti habia llegado a ser un Director - le ato manos y lengua. La noble viuda, que vivia en la Capital y con quien el italianito no tenia acceso ni menos privanza, puso, como condicion para transferir a la municipalidad nicolena su <Asilo San Felipe>, que el Director del mismo Asilo -el plagiado- entregara el Hospital: al cabildo, en manos del Intendente, y al pueblo nicoleno, en manos de . . . la madre del plagiario.

Amargadisimo, Alberti guardo su silencio. No podia frustrar la transferencia tan anhelada por la poblacion de San Nicolas. Viajo a Italia -donde nacio su hija Laurita, cuya devocion preservo la documentacion necesaria para redescubrir la hazana de su padre-, gozo de la amistad de Lombroso. Pero su esposa nicolena -Isabel Sanchez Cernadas- anoraba demasiado su gente, su familia descendiente de espanoles, nuestros compatriotas, los que tan vilmente nos habiamos portado.

Volvio. Fue Alberti medico <primario> y asi por azar efimero Director del primitivo Hospital Italiano en Buenos Aires, donde renuncio tras otro grave disgusto personal, y se retiro a su casa en la avenida Rivadavia, justo frente al ruidoso obrador donde el tren subterraneo de la linea <A> haria emerger en Primera Junta su flamante orgullo. Espiritualmente reseco, desatendio una afeccion renal que, entre el barullo de esos primeros convoyes subterraneos -los que inutilmente procuro evitar viajando a su campo en Santa Fe- le llevo a la muerte en 1913.

En cambio, Richard Sudnik fue un sabio que eligio el ambito academico para expresarse. <Era una figura inconfundible. Alto, recio y fuerte con su larga barba que acariciaba coquetamente siempre; caminaba lenta y cadenciosamente, con una gravedad solemne apoyado en su baston grueso y tosco, adminiculo que le era indispensable para la marcha por llevar una secuela trofica y paralitica en una pierna (habIa sido herido en la insurreccion por la que se le desterro de Polonia); llamaba asi la atencion de cualquiera. Hablaba muy poco y sentenciosamente siempre; era parco en el reir y expresabase con dificultad en una mezcla de polaco, frances y espanol que le era peculiar, provocando comentarios risuenos y a hurtadillas de los que le escuchaban>, recuerda uno de sus queridos discipulos, Mariano Alurralde en El Cocobacilo (5, 58, primavera de 1924). Salvo esos queridos discipulos (ver notas al final), y pese a ser Sudnik catedratico titular por decadas de la mas acreditada Universidad argentina, su dialogo debio articularse primordialmente con el extranjero. Publico alli -especialmente, en Francia- decenas de experimentaciones electroneurobiologicas del mismo primer nivel internacional con que habia brindado sus cursos del Circulo Medico al regresar del <Desierto>. Pero la academicidad no vino sin sinsabores. Es conmovedora la carta dirigida por su esposa francesa al Decano de la Facultad de Medicina en 1915, pidiendole costear aunque fuera un ataud, ya que fallecio en la mas supina inopia tras sentar su hogar por decadas en un cuartucho de la calle Victoria. Solo lo recordaron aquellos discipulos suyos y, ya en la actualidad, el Laboratorio de Investigaciones Electroneurobiologicas del Hospital <Dr. Jose Tiburcio Borda>; desde 1988 tambien el Centro de Investigaciones Neurobiologicas deI Ministerio de Salud y Accion Social de la Nacion bautizo en su memoria una de dos aulas, recuperadas fisicamente con enorme esfuerzo y sacrificios personales. Una de ambas aulas hoy se denomina <Richard Sudnik>; la otra, <Alberto Alberti>.

Mientras tanto, el plagiario Llobet -formalmente no debe llamarsele medico- tenia alcanzado el que parece haber sido su objetivo dominante: proyectar su ego en el entorno. Quien rechazara reconocer admirado su excelencia no contaba: transpapelo la vida en el curriculum. Segun las publicaciones de la epoca, carecia de toda modestia: <Su tono es dogmatico, magistral: magister dixit. Aconseja a los especialistas, corrige a los medicos, recomendando paternalmente a los colegas mayores, cuidados en las atenciones profesionales . . . hace elogio de sus propias observaciones, de sus brillantes resultados, de su espiritu innovador y progresista y expresa sus opiniones con mucha libertad, como de gran altura, apoyado en once anos de practica quirurgica>. Repitiendo su gesto de juventud, de cuando se habia erigido en Presidente de la comunidad, maguer parva, de estudiantes nicolenos en la Facultad de Medicina portena, en 1902 se hizo elegir Intendente Municipal del partido de Almirante Brown, donde vivia. Se aprestaba a alcanzar una cuota considerable de poder politico nacional; casi abandono sus publicaciones profesionales. Podia ser diputado. Inesperadamente, comenzo a padecer extranos sintomas neurologicos. Quedo privado del habla y de otros movimientos y acciones, pero la neurobiologia, privada de los descubrimientos de Alberti, no habia podido reprogresar lo imprescindible para identificar a tiempo donde estaba la localizacion central de la lesion o tumor cerebral que generaba tales sintomas. Su plagio habia retrasado la ciencia que ahora necesitaba.

Desesperado, viajo mudo al fin a Paris, donde el celebre <radiologue> Henri Beclere le diagnostico -por medio de los rayos Roentgen- una ubicacion en el lobulo temporal -lateral e inferior- izquierdo que a esa altura del desarrollo ya era inextirpable. <En su silencio>, comentamos, <el progreso de su enfermedad le habra revelado, a no dudar, elementos de la constitucion humana que su ciencia le mostro extramentalmente, ahora observados desde otra objetividad, la de lo subjetivo; y su vida de luchador, que ya vimos como sabia tomarse ventajas, quizas haya quedado suspensa de la pregunta por la transcendencia de la accion>.

Sudnik y Alberti fueron sepultados en el olvido, y Llobet, muerto asi en 1907, es meramente recordado como neurocirujano: el consabido bronce estatuario municipal hoy honra al falso doctor en la entrada al ex-Hospital Rawson. Curiosamente, la placa bajo su exaltada escultura es pulida con diligencia todas las semanas, regimen harto infrecuente para la administracion de nuestra imagineria. Pero en 1899, por impulso de Domingo Cabred y Amancio Alcorta habia llegado a esta tierra el fundador de la Escuela Neurobiologica Argentino-Germana, Christofredo Jakob.

Pese a trabajar a menos de dos cuadras de donde lo hacia Llobet, a los fondos del hoy Asilo <Prof. Dr. Guillermo Rawson>, Jakob, ubicado en el Centro de Investigaciones Neurobiologicas (actual Avda. Amancio Alcorta 1602, a los fondos del Hospital Borda) ignoro a Llobet. Ello no podria haber sido asi, si a Llobet se lo hubiera reputado verdadero autor de su propia, importante tesis. En efecto, aunque socialmente era imposible osar la denuncia, por supuesto Sudnik, Alurralde, Frank Soler y muchos otros cientificos conocian la verdad; vivia tambien el silenciado Alberti, y ello explica que Jakob nada haya querido saber de Llobet. Este no tenia disposicion para congratular a otros investigadores por sus aportes, y a mas debio percibir la radicacion de Jakob como una amenaza; no en la cirugia que profesaba, sino en la neurobiologia, donde si necesito copiar su tesis es porque su verdadero nivel se lo requirio; cada quien sabe lo que hace. <Nadie mas sagaz que los sabios de carton para columbrar peligros con la proximidad de un estudioso sincero>, dijimos al comunicar los hechos; <nadie mas estolido que ellos para convencerse de que pueden ocultarlo>. El profesor Dr. Christofredo Jakob trabajo cincuenta y siete anos en la Argentina y bajo su egida de mentor y referente esta tradicion se desarrollo proficua, desde su tradicional edificio actualmente en tramite de declaratoria como monumento historico. Entre centenares de aportes, vencio la problematica de la topografia craneoencefalica, propuso desde 1906 los mecanismos corticales basicos del funcionamiento del cerebro que actualmente adoptamos (como organo interneuronal y no neuronal; y que desde 1965 conocemos como modelos de inteferencia holograficos y holofonicos), aplico la neuroanatomia a la identificacion de vertebrados fosiles, y descubrio que la materia gris tiene siempre doble funcion (sensitiva y motriz) porque en la prehistoria se origino a partir de dos capas de funcion separada. Propuso en 1910 la homologacion funcional de la convexidad de la corteza a la medula dorsal y su concavidad a la medula ventral, descubrio y publico en 1911 el aparato neurovisceral conocido desde 1937 como <circuito de Papez> por el redescubrimiento ejecutado ese ano por el norteamericano de ese apellido, realizo una gigantesca labor sistematica en patologia, psicofisiologia, anatomia comparada y del desarrollo y biologia teorica. Abrigo esta tradicion una explosiva tension interna motorizante, en su concepto del tiempo fisico, dejando en herencia a mas de cinco mil intelectuales aqui formados una fecunda contradiccion conceptual en este tema. Esa contradiccion conceptual, a los quince anos de la muerte de Jakob, condujo, en el seno de la Escuela, al reconocimiento de la eficiencia fisica y la plena objetividad de los fenomenos subjetivos (eficiencia y objetividad que Jakob por largo tiempo denegara, al igual que Th. Ziehen por quien bebio en las fuentes del paralelismo psicofisico tal como Karl Kleist lo hizo a traves de DuBois Reymond). Asi integro esta tradicion la formacion medica, biologica y en Filosofia y Letras por mas de noventa anos; desde 1969 un sector de la misma viro desde un paralelismo psicofisico al reconocimiento mencionado de la eficiencia causal de los fenomenos fisicos unitestigo, antiemergentista, y demostro la homologia filetica entre los mecanismos corticales neuroelectricos y los mecanismos de control ciliar en Infusorios precambricos, y hacia 1970 elucido la anatomia de la comisura anterior en el hombre y propuso importantisimos modelos de la produccion del lenguaje, emociones y la desinhibicion instintiva. Durante la decada de 1970 alcanzo un nivel enteramente novedoso en el entendimiento de que es un organismo vivo y una teoria conformacional, no estadistica, de la informacion; obtuvo en Europa la primera de las patentes por dispositivos experimentales para observar externamente la accion de diferentes fenomenos subjetivos, analizo en detalle el cuerpo estriado cerebral integrandolo en una explicacion de las bases biologicas de la funcion volitiva, logro la descripcion fisica de la autorreferenciacion objetal (<yoizar>, o formacion de un objeto mental que funcione como un Yo), y con alta vocacion historica reconstruyo la problematica cientifica del area desde sus origenes; adquirio importantes conocimientos morfoanatomicos sobre la histologia de la lateralidad y los efectos dentro de la corteza de ablaciones zonales en humanos y, ya en la decada de 1980, descubrio los episodios historicos silenciados del origen de la neurobiologia y psicofisica en la Argentina, que aqui nos ocupan, y logro desmenuzar analiticamente, desde sus motivos protohistoricos, el bloqueo cultural de la investigacion fisica experimental de la subjetividad normal y patologica.

Empero no es bueno pretender ignorar que la investigacion autentica se realiza penosamente entre las bajezas y grandezas de la condicion humana. Tambien repto en esta tradicion alguna figura excentrica y perversa, formo corte y se desvivio por graduar opas mancebas (para que el erario se las mantenga con cargos de investigacion); se llego al crimen y a la maniobra politica para encubrirlo; desgraciadamente es lo esperable y solo en ese sentido (porque nunca se repite en otro) es la Historia magistra vitæ. De ese sector emergieron los ultimos loores a Llobet, como no podia ser de otra manera. Pero la ciencia es mucho mas vulnerable a las bajezas que impulsable por las grandezas humanas y de ahi el valor de senalar ambas. Los trufadores, que la lunfardia moteja <chantas>, son, maguer su aspecto simpaticon y hasta inocente, los de mas peligro. Al igual que, diz, los vampiros de lejanas supersticiones, parecen humanos pero en realidad no lo son. Asi como los primeros no darian imagen en los espejos, los barbianes y trufadores tambien parecen externamente humanos, pero se diferencian secreta y relevantemente en que emiten unas feromonas o perfumes, imperceptibles para quienes se comprometen autenticamente; perfumes que ellos detectan para reconocerse desde increibles distancias. Y, asi, se congregan silenciosos, con sonrisa mentecata, siempre dispuestos a ayudarse, porque usarse mutuamente es su necesidad fundamental. Y odian a quien es capaz de crear por si mismo; y ­guay! si a este le falta ayuda solidaria, porque le victiman irremisiblemente. Por eso es menester recuperar esta historia, para que la fragil ciencia encuentre en la sociedad la defensa que tanto necesita.-

 

Notas

En dos extensos e importantes estudios posteriores del area, tanto Mariano Alurralde (<Trabajos de Fisiologia Experimental y Clinica (1896 -1901)>, Buenos Aires, Spinelli, 1901; 159 pp.) como Frank L. Soler (<Localizaciones cerebrales>, Fac. Cs. Medicas, Lab. de Fisiologia - Director: Prof. H. G. Pinero-, Bs. Aires, Libreria Las Ciencias, 1912; 107 pp.) omiten mencionar una serie experimental conducida por Llobet, lo que indica, atento a la inmediatez de estos autores al ambiente y a los hechos relatados, que ya a poco de <su> Tesis a Llobet no se le concedia credito. Conociendo la influencia de Llobet (que era creciente a la aparicion del libro de Alurralde y cinco anos tras su muerte para el libro de Soler) ello manifiesta ademas motivo para evitar comentarios sobre Alberti, o sobre el episodio que nos ocupa, en vida del relacionado Llobet o ante la subsistencia de su imagen social. El agraviante efecto de tales compromisos fue sumir la obra de Alberti en el silencio.




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